
El croissant debe su origen a un intento frustrado del imperio otomano de conquistar el ultimo bastión de la cristiandad de la zona: la ciudad de Viena.
En 1683, tras un largo asedio, los musulmanes cansados de estrellarse contra las murallas de la ciudad, decidieron cavar túneles que los llevaran al interior de la fortaleza. Para no ser descubiertos trabajaban de noche. No contaban con el peculiar horario de los panaderos vieneses, que escucharon las obras y evitaron la toma de la ciudad al dar la alarma. El invasor fue rechazado en lo que fue el inicio del final musulmán en el imperio Astrohúngaro. Leopoldo I, en agradecimiento permitió a los panaderos de la ciudad portar espada y crear oficialmente dos pastelillos para conmemorar la victoria. Uno de estos pastelillos fue el "Halbmond" (media luna)que simboliza la media luna del estandarte otomano y permitía a los vieneses, de forma muy fina y educada, cachondearse de los turcos al hincarle el diente-literalmente- a su bandera y todo lo que representa.
Ya los franceses, muy suyos, le tradujeron el nombre (lune croissant- luna creciente), y, claro, le añadieron mantequilla.
Me acuerdo de esta anécdota histórica porque viene a ser de cierta utilidad después de tanto tiempo.
En nuestra maravillosa e idílica alianza de civilizaciones cada vez convivimos de forma más íntima con los hijos de mahoma el pederasta. Nos vemos sujetos a exigencias impertinentes y absurdas. Se nos afean de mala manera comportamientos tradicionales en España, como comer jamón, o dejar que nuestras mujeres deambulen impúdicas mostrando la cara y en ocasiones los tobillos. Todo esto sin propinarles un par de galletas por sus indecentes exibiciones.
Se pide que aceptemos sin chistar prácticas degradantes y esclavizantes para las mujeres. Que miremos a otro lado cuando estos cazurros subnormales pactan la toma de esposas de 6 y 7 años. Que "devolvamos "iglesias y catedrales. Que modifiquemos el menú de escuelas y lugares de trabajo para no ofenderlos, aún en los comedores de caridad!! Que añadamos días festivos que se acomoden a sus creencias. Que permitamos a los trabajadores musulmanes tomarse las horas necesarias de su jornada laboral para sus oraciones, y que además dispongamos de un lugar para que lo puedan hacer cómodamente!!
Y resulta que no podemos decir nada, porque al menor comentario nos convertimos en unos racistas xenófobos, retrógrados, fachas y no se que más. Hombre! si todo fueran los insultos... pero es que resulta que si te pueden empapelar por meterle un par de hostias a un moro!!
Bueno, no quejas, no hostias... y como me desahogo?
Ahí es donde, 300 años después, entra el croissant.
El único recurso que nos queda es ponernos delante de una mezquita a masticar un croissant con singular frenesí y mirada asesina... malo será que alguien nos denuncie por masticar en forma ofensiva, no?
De cuando en cuando ve uno vídeos como este:
Y entonces lo de masticar el croissant deja de resultar terapéutico.
Aconsejo, en estas ocasiones, como medida de choque, llevarse un par de croissants al baño para la higiene post-defecatoria. Recomiendo enfáticamente para este fin el croissant francés (blandito, esponjoso y con mantequilla), conviene alejarse de las versiones hojaldradas, que revertirían el efecto terapéutico, dándoles a los de la media luna una aplastante victoria psicológica (agravada además si padece uno de hemorroides rebeldes)