
Francamente hastiado, cansado y sin restos de humor o paciencia para torear las últimas mamarrachadas de bibianita, he decidido poner algunas cosas en claro.
Hoy empiezo esta serie que llamaré "MEMORIA HISTÓRICA", y en la que me permitiré dejar claro y alto algunas verdades históricas de verdad, no como las que le interesan al subnormal de la moncloa y sus acólitos.
Como decía estoy cansado de la niñata de igual-dá y la presunción cacareada a los cuatro vientos de que "los progresistas somos los únicos que hemos hecho algo por la mujer en este país". Y lo bueno es que se les llena la boca, y lo dicen bien alto y claro... se lo deben de creer de verdad... pobres.
En España se dio el voto femenino tardíamente si lo comparamos con otros países. La república no manifestó ningún interés en la cuestión, y cuando se llevó a cabo la convocatoria de cortes constituyentes se dio el caso de que las mujeres podían ser elegidas diputadas, pero no votar. Efectivamente: tres mujeres lograron un escaño: Victoria Kent, Margarita Nelken y Clara Campoamor. La única que pertenecía a una formación de derechas era Clara Campoamor. Mientras que Clara se posicionó desde el principio a favor de entregar el voto a la mujer. La izquierda, lidereada por Victoria Kent, SE OPUSO RADICALMENTE a este cambio legislativo. Los motivos eran puramente propagandisticos y oportunistas (que raro en la izquierda, no?), pues existía la creencia generalizada de que las mujeres en general eran de ideas conservadoras y estaban influidas por la iglesia católica.
En la sesión de las cortes del 1 de Octubre de 1931 Clara campoamor defendió el sufragio femenino frente a los argumentos oportunistas y misóginos de la izquierda. El argumento de Victoria Kent, fue que la mujer debía abstenerse de votar "hasta que transcurran unos años y la mujer vea los frutos de la república y la educación". Entre los argumentos izquierdistas hay que destacar perlas como la de Rafael Guerra del Rio, que se inclinaba a dejar votar a las mujeres siempre y cuando dicho voto se pudiera anular si no resultaba favorable al gobierno de izquierdas (democracia al estilo PSOE). O la de Roberto Novoa Santos, que negaba rotundamente el voto femenino, dado el "carácter histérico de las mujeres". Los comentarios de los políticos de izquierdas resultaron reveladores. Claro, de nada de eso se acuerdan nuestros socialistas de hoy.
Finalmente se incluyó el voto femenino en la constitución de 1931. Aún en Diciembre del mismo año, la izquierda volvió a intentar limitar el derecho de sufragio femenino.
Dos años más tarde, cuando las derechas ganaron las elecciones los comentarios de Indalecio Prieto y Martinez Barrio (jefe del ala izquierda del partido radical y masón de alto grado) degradaban a Clara Campoamor y su "desenfadada y alegre aventura" en todos los sentidos, culpando a las mujeres de su derrota.
La izquierda, sin duda, le hizo pagar su atrevimiento a Clara Campoamor, pero es a esta valiente mujer y a nadie más, a quien se debe el derecho a voto de las mujeres.
Tiene narices, que unos años después, cuatro niñatas trasnochadas (que hoy pueden votar gracias a la derecha) se desgañiten hablando de las maravillas que su partido socialista ha logrado por ellas... tiene narices...

